Vivir cansadxs: burnout y desgaste urbano en la Ciudad de México
La ciudad que no te deja descansar
Si últimamente te sientes cansadx todo el tiempo, incluso cuando descansas, no estás exagerando. Este texto camina con ese cansancio.
En la Ciudad de México, estar cansadx no es una excepción: es el estado base. No hablamos del cansancio normal que se quita durmiendo, sino de ese agotamiento que se queda en el cuerpo aunque duermas, aunque descanses, aunque intentes “echarle ganas”.
A eso se le llama burnout, pero reducirlo a una palabra clínica se queda corto. En esta ciudad, el burnout se siente casi como parte del ambiente: tráfico eterno, jornadas extendidas, precariedad, ruido constante y una cultura que glorifica la productividad mientras castiga el descanso.
Si al leer esto sentiste un nudo en el pecho o pensaste “sí, soy”, no estás exagerando. Estás reconociendo algo que llevas tiempo cargando.
No es debilidad personal: es desgaste
El discurso de siempre insiste en que el burnout es un problema individual: mala organización, falta de disciplina, poca resiliencia. Pero esa idea ignora algo básico: nadie se quema solo.
En esta ciudad, muchísima gente sale de casa antes de que amanezca y regresa cuando ya es de noche. Dos o tres horas diarias en traslados no son “parte del día”: son tiempo de vida que no vuelve.
Y aun así, el mandato es claro: rendir, producir, aguantar. Como ya lo hemos dicho antes, no basta con echarle ganas . El cuerpo tiene un límite, aunque el sistema finja que no existe.
Lo que casi nunca se dice
El burnout no aparece porque no sabes organizarte. Aparece cuando se normaliza vivir cansadx para poder sobrevivir.
Cuando el cuerpo empieza a hablar
El burnout no siempre llega como colapso. Muchas veces se cuela en lo cotidiano y se vuelve parte de la rutina:
- Despertar cansadx aunque hayas dormido.
- Sentir irritación constante, incluso por cosas mínimas.
- Vivir con la sensación de ir siempre atrasadx.
- No poder desconectar del trabajo, ni siquiera en casa.
- Sentir culpa cada vez que descansas.
En Zona Cero lo hemos visto una y otra vez: cuando el desgaste no se nombra, el cuerpo busca otras formas de aguantar. A veces eso aparece como ansiedad, otras como insomnio, y muchas veces como consumo.
El alcohol, por ejemplo, no siempre entra por fiesta. A veces entra como anestesia. Ya lo exploramos en cuando el brindis se vuelve nudo .
“Trabajo todo el día, hago casi tres horas de traslado. Cuando llego a casa no tengo energía ni para pensar. Tomar era lo único que me bajaba el ruido.”
— Testimonio anónimo, CDMXBurnout, consumo y supervivencia
Hablar de burnout sin hablar de consumo es quedarse a medias. En esta ciudad, muchas sustancias funcionan como formas de aguante, no porque la gente sea irresponsable, sino porque necesita seguir funcionando.
Lo hemos visto también cuando hablamos de reducción de daños : el consumo no ocurre en el vacío. Ocurre en cuerpos cansados, en contextos hostiles, en sistemas que exigen todo y cuidan poco.
Exigencia constante + poco descanso + culpa por parar = agotamiento que no se quita durmiendo
¿Y entonces qué? Microdescansos posibles
No vamos a decirte que renuncies, te vayas a la playa o “cambies de mindset”. Eso no es realista para la mayoría. Lo que sí podemos nombrar son microformas de cuidado que no romantizan el aguante.
- Descansos breves sin pantalla, aunque duren tres minutos.
- Silencio intencional en el trayecto, aunque sea un tramo.
- Limitar mensajes laborales fuera de horario cuando sea posible.
- Hablar del cansancio sin vergüenza.
No son soluciones mágicas. Son formas pequeñas de decirle al cuerpo: te veo, no estás exagerando.
Descansar no es flojera.
En una ciudad que te quiere siempre disponible,
descansar también es una forma de resistencia.
ZONA CERO CDMX
- Burnout y tráfico: el desgaste invisible del traslado diario.
- Agotamiento en la periferia y en el centro.
- Trabajo, precariedad y consumo como formas de aguante.