Chemsex en la CDMX: placer, sustancias y una práctica que ya no es marginal
Cuando el deseo se cruza con el químico
En las noches de la CDMX, el chemsex dejó de ser un secreto a voces para convertirse en una realidad cotidiana que atraviesa departamentos, saunas y pantallas. No es algo marginal ni exclusivo de “otros”: es gente con trabajo, estudios y rutinas que camina entre nosotros cada día.
Lo que se busca es tan humano como contradictorio: intensificar el placer, durar horas —a veces días— y sentir una conexión profunda que borre, aunque sea por un momento, el peso del mundo. La metanfetamina, o “tina”, se volvió el motor principal en la capital: barata, accesible y con un subidón de confianza que parece resolverlo todo.
Pero cuando el efecto se va, llegan las preguntas incómodas: miedo a un diagnóstico de VIH o hepatitis C, el bajón emocional que te deja fuera de combate medio lunes, y el vacío cuando la “conexión” se disuelve tan rápido como llegó. En medio del viaje, los límites físicos y emocionales se desdibujan, y el consentimiento puede perderse sin que nadie lo nombre.
Este texto no busca moralizar. Muchos encuentran en el chemsex una vía de escape ante el estrés, la soledad o el peso de vivir como minoría. El placer existe y no se niega. Pero el riesgo también está en la mesa. Hablarlo con honestidad es una forma de cuidado colectivo.
¿Qué es el CHEMSEX?
Sin filtro: el chemsex es sexo con intención química. No es “se nos pasó en la fiesta”, sino elegir sustancias específicas —tina (metanfetamina), G (GHB/GBL) o mefedrona— para lograr encuentros más intensos, más largos y con mayor desinhibición.
Lo que lo define no es solo el consumo, sino el tiempo: maratones que inician un viernes y terminan en lunes. Comer y dormir dejan de ser prioridad. Las apps de ligue funcionan como puerta de entrada, con códigos o emojis que anuncian quién está “en el mismo canal”.
¿Por qué se busca? Para vencer la timidez, prolongar el rendimiento y sentir pertenencia en una ciudad que a menudo empuja a la soledad. La contradicción es clara: la conexión parece auténtica, pero se evapora con la sustancia. Para muchos, el chemsex se vuelve una muleta emocional para alcanzar la intimidad que cuesta construir sobrio.
¿Qué sustancias se usan y por que?
- Metanfetamina (tina o cristal) El combustible principal. Aumenta la libido y la energía, pero también eleva el ritmo cardiaco, la presión y el riesgo de paranoia o psicosis tras días sin dormir.
- Mefedrona (mefe) Euforia y sensación de conexión inmediata, pero con un bajón emocional profundo y alto potencial adictivo.
- GHB / GBL (G) El más traicionero. Relaja y desinhibe, pero la línea entre placer y pérdida de conciencia es mínima. El “doblón” puede dejar tu consentimiento en manos de otros.
Un punto poco discutido: las interacciones con antirretrovirales. Medicamentos como el Ritonavir hacen que estas sustancias permanezcan más tiempo en el cuerpo, elevando la toxicidad y el riesgo de sobredosis.
Lo que engancha
Engancha porque activa lo más básico del cerebro: dopamina, recompensa, pertenencia. El cristal dispara niveles de placer imposibles de alcanzar naturalmente. El sistema se reprograma y empieza a pedir más.
Pero no todo es química. El chemsex ofrece desinhibición en una ciudad que todavía estigmatiza. Reduce el miedo al rechazo y el estrés de ser minoría. Y también el rendimiento: después de horas bajo efecto, el sexo sobrio puede parecer insuficiente.
Lo más potente es la tribu: un espacio donde nadie juzga y todos parecen entenderte. La paradoja es cruel: buscamos conexión para no sentirnos solos, pero terminamos más aislados cuando el viaje termina.
Riesgos que suelen minimizarse
La trampa del “usuario funcional”: creer que nada pasa porque “afuera” todo parece bajo control. Tener estudios, empleo y dinero no blinda contra la dependencia. La química engaña al cerebro, adormece la percepción del riesgo y amplifica la sensación de invulnerabilidad.
- Sobredosis: con el “G”, unos mililitros separan el placer del coma.
- Infecciones: maratones prolongados provocan microlesiones que facilitan VIH y hepatitis C.
- Salud mental: bajones, ansiedad, depresión, brotes psicóticos.
- Dependencia: cuando el sexo ya no interesa sin sustancias.
Cuidarnos entre nosotros es la única manera de que la búsqueda de libertad no termine en un vacío químico, sino en una vida vivida con conciencia.
CHEMSEX Y ADICCIÓN: cuando el sexo deja de funcionar sin drogas
El punto crítico llega cuando el placer deja de ser elección y se vuelve condición. Cuando el sexo sobrio parece imposible o vacío. En la CDMX, el anonimato y la soledad hacen del químico un refugio.
Se suma el desgaste físico: disfunción eréctil, mezclas con Viagra, bajones prolongados. Muchos se sienten “funcionales”, pero cuando los lunes se parecen demasiado a los viernes, algo se quebró. No es debilidad: es neuroquímica, contexto y agotamiento emocional.
Por qué crecio en la CDMX
En la capital, el chemsex se multiplicó por una mezcla explosiva: expansión del consumo de cristal —que aumentó más del 80 % en 2022—, acceso fácil, anonimato urbano y apps de ligue que convierten el deseo en un clic. Al final, refleja nuestra urgencia de sentir placer y pertenencia en una ciudad que a veces nos vuelve invisibles.
- Apps de ligue que facilitan encuentros inmediatos
- Anonimato urbano
- Estrés y soledad de minorías
- Drogas baratas y accesibles
- Falta de políticas públicas basadas en salud y no castigo
Reduccion de daños y opciones de ayuda
Para moverte en una sesión sin pagar con tu salud, el autocuidado debe ser una práctica concreta. Durante el viaje, la dopamina manda, y es fácil creer que nada puede salir mal. Pero el cuerpo sigue ahí, sosteniendo el peso de la experiencia.
- Lleva un registro: anota qué tomas y cuándo. Puede salvarte de redosificar antes de tiempo.
- Hidratación y alimento: no solo agua; proteínas y descanso son esenciales para la recuperación.
- Pausas necesarias: salir a respirar o enfriar la mente previene paranoia y colapso físico.
- No mezcles por mezclar: combinar “G” con alcohol o depresores puede detener tu respiración.
- Respeta los tiempos: cada sustancia tiene su reloj. Saltarlo es jugar con la sobredosis.
- Si tomas PrEP o antirretrovirales: pon alarmas para no saltar dosis durante la sesión.
- No abandones a quien se pone mal: posición de seguridad, llamada al 911. La vida primero.
- Consentimiento: si alguien no puede responder, no hay consentimiento. Punto.
La meta es simple: que tú manejes el viaje y no que el viaje te maneje a ti.
ZONA CERO CDMX
Hablar de CHEMSEX no es juzgar el placer, es cudiar la vida
Hablar de chemsex no es moralizar el deseo, es reconocer que el placer es legítimo, pero no debería cobrarnos la vida. Cuidarnos entre nosotros es una forma de resistencia. Reducir daños es supervivencia. Cuidarnos es un acto político.
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Archivo Subterráneo · CHEMSEX en la CDMX
Nada de esto es invento.
El fenómeno del CHEMSEX en la CDMX ha sido documentado por universidades, clínicas especializadas, activistas y organismos de salud pública.
Entender el placer, el riesgo y el contexto no es promoverlo: es dejar de ignorarlo.
Aquí reunimos las investigaciones, testimonios y guías técnicas que respaldan lo expuesto en esta entrada.
- Bourne, A., Reid, D., Hickson, F., Torres-Rueda, S., & Weatherburn, P. (2015). “Chemsex” and harm reduction need among gay men in South London. International Journal of Drug Policy, 26(12), 1171–1176.
- Maxwell, S., Shahmanesh, M., & Gafos, M. (2019). Chemsex behaviours among men who have sex with men: A systematic review. Drug and Alcohol Dependence, 204, 107–118.
- Secretaría de Salud (México). (últimos informes disponibles). Panorama epidemiológico del VIH y otras ITS en México.
- CENSIDA – Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el Sida (México). Informes técnicos y boletines epidemiológicos sobre VIH, ITS y reducción de daños.
- UNODC – Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Reportes globales sobre consumo de sustancias psicoactivas y tendencias emergentes.
- Harm Reduction International. Guías y reportes globales sobre políticas de reducción de daños.
- Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA). Reportes sobre nuevas sustancias psicoactivas y contextos de uso sexualizado.