La Veneno: Ser trans, brillar y arder frente a un mundo que te quiere callada

Cristina La Veneno en televisión española - ícono trans, resistencia y visibilidad queer

Cristina “La Veneno”: visibilidad trans, rabia y justicia en la pantalla

Cuando Cristina Ortiz Rodríguez, mejor conocida como La Veneno, apareció en la televisión española en los 90, nadie —ni ella misma— imaginó que se convertiría en un ícono eterno de la disidencia sexual. No fue activista de pancarta. Fue una mujer trans que entró como huracán en un sistema que la explotó, la ridiculizó y la intentó borrar. Y aun así, ganó.

La Veneno no pedía permiso para existir. Daba taconazos y se robaba la pantalla. Su vida fue una mezcla brutal de brillo, pobreza, violencia y un carisma que nadie pudo silenciar. Desde el Parque del Oeste hasta el plató de Crónicas Marcianas, se hizo visible en una España conservadora que prefería esconder a las personas trans.

De la calle a la tele: “¡Paca la Piraña, mira cómo estoy!”

Nació en Adra, Almería, en 1964. Creció entre violencia y pobreza. Se fue de casa joven y terminó trabajando en el Parque del Oeste de Madrid. Ahí, en 1996, la televisión la encontró. Su desparpajo, su belleza y su humor negro la convirtieron en fenómeno mediático. Pero esa visibilidad tuvo precio: la adoraron como caricatura y la descartaron cuando dejó de ser “divertida”.

A pesar del morbo y el escarnio, La Veneno nunca se disculpó por ser quien era. Y eso es lo que la hace eterna: no pidió aceptación. La exigió.

Yo salgo a la calle, doy un taconazo y me llueven los millones.
— Cristina “La Veneno” (en directo, sin filtro)

La serie VENENO: justicia tardía y representación digna

En 2020, Los Javis estrenaron la serie VENENO (Atresplayer Premium). Basada en las memorias de Valeria Vegas, la serie hizo lo que la televisión española nunca hizo mientras Cristina vivía: tratarla con dignidad, con respeto y con amor.

Lo más revolucionario: tres actrices trans dieron vida a Cristina en sus diferentes etapas. Jedet interpretó a la Veneno joven y rebelde, Daniela Santiago encarnó a la Cristina en su esplendor televisivo, con ese carisma arrollador que la hizo famosa, y Lola Rodríguez mostró a la Cristina madura, herida y sola en sus últimos años.

  • Jedet trajo la crudeza y la rabia de una Cristina que peleaba por existir. Dijo que sintió a Cristina como una hermana mayor que nunca conoció y que el rodaje fue catártico para ella como mujer trans.
  • Daniela Santiago encarnó la fuerza, el baile y la sensualidad que La Veneno proyectaba en pantalla. Su presencia llenó de vida los momentos más icónicos.
  • Lola Rodríguez dio profundidad al dolor y la soledad de los últimos años. Su escena final es de las que rompen el corazón.

Ninguna de las tres la conoció personalmente (Cristina murió en 2016), pero las tres hablaron de una conexión profunda y espiritual con ella. Fue un acto de justicia y amor hacia una mujer que les abrió camino.

“La serie es un regalo para Cristina. Por fin la ven como la mujer fuerte y vulnerable que fue, no como el chiste que la tele quiso vender. Ella estaría orgullosa.”
— Valeria Vegas (escritora, amiga cercana y autora de las memorias)

Otros conocidos y activistas trans han dicho que VENENO logró lo que Cristina siempre quiso: que su vida no fuera una broma, sino una historia de resistencia y supervivencia. La serie no solo contó su historia: la devolvió su lugar en la memoria colectiva queer.

Actrices trans Jedet, Daniela Santiago y Lola Rodríguez interpretando a La Veneno - representación digna y justicia para Cristina

¿Qué tiene que ver La Veneno con la CDMX y Latinoamérica?

Cristina vivió la misma transfobia, pobreza, violencia institucional y explotación mediática que muchas mujeres trans enfrentan en México y América Latina. En CDMX, en Iztapalapa, en la Merced, en la Zona Rosa, hay venenos que sobreviven: con tacones, con rabia y con historia.

La serie VENENO llegó a México y Latinoamérica como un espejo: nos mostró que la visibilidad sin derechos no basta. Que el brillo puede ser supervivencia, pero también riesgo. Y que nombrar lo que sentimos —y lo que sufrimos— es resistencia.

ZONA CERO CDMX

Cristina “La Veneno” no fue perfecta. Fue humana, rota, brillante y sobreviviente. Su vida nos recuerda que la visibilidad duele cuando viene sin derechos, sin protección y sin respeto. Pero también nos enseña que, incluso en los márgenes más oscuros, una persona puede cambiar la narrativa de muchas otras.

En la CDMX de 2026, donde el estigma trans sigue matando silenciosamente, el legado de La Veneno no es nostalgia: es urgencia. Es un recordatorio de que la lucha no termina con una serie o con un grito en televisión. La lucha es diaria: nombrar lo que sentimos, exigir derechos, acompañar a quien está en el borde y reducir daños cuando el mundo nos quiere invisibles o muertos.

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